Credo
No creo en Dios padre todopoderoso, creador de lo que sea… Yo creo en la felicidad. Creo en la soledad. Creo en una infinidad de cosas más importantes que la religión. Creo que no tengo demasiado tiempo para andar llorando por los rincones. Creo que el dolor de muelas no se sobrevive ni con un buen ron. Creo que el dolor del alma se cae a pedazos después de un tiempo. Creo en mi gata loca, que viene a conversarme a las seis de la mañana. Creo en mi pelo rebelde. Creo que Dios se está tardando mucho en decir “Un, dos, tres por mí”… y que sigue escondido en algún rincón de su cielo o de mi alma. Creo que el centro de esta ciudad me gusta, con su arquitectura gastada y sus escaleras redondas y pequeñas. Creo que mis amigos son mis amigos todavía, a pesar de la distancia. Creo que los chocolates no quieren vivir sin mí. Creo que hay un hombre que me espera en un paradero vacío. Creo en mis libros como mi tesoro más recurrente. Creo que el dinero no me llama ni me atiende, pero la verdad, no quiero hablar con él. Creo que la profesión es para quien la vive desde ese ángulo que no es mi ángulo. Creo en las palabras y en las letras, que me gritan desde la esquina. Creo en mi madre y en su arroz, en sus sueños incumplidos, en sus ganas de crecer. Creo que la gente espera algo de mí, que no es lo que yo espero de mí, ni lo que quiero de mí. Creo en la vida simple y cotidiana, con calles que caminar y mucho café para beber. Creo en la inmortalidad del cangrejo. Creo en la música como terapia. Creo en el lápiz y el papel y en las luces nocturnas. Creo en la independencia del alma. Creo en el respeto hacia el hombre. Creo en los viejos, porque saben y porque me gustan, siempre me han gustado. Creo en el silencio profundo y en el sonido de la lluvia. Creo en las canciones de Pedro, Ismael, Jorge y Juanito. Creo en la rabia que se guarda por años y se suelta repentinamente cuando ya no se puede hacer nada para controlarla. Creo en los sueños sin sueño de por medio. Creo que el mundo tiene que adaptarse a mí, porque yo no me adapto a él. Creo que nunca me sentiré parte de esa masa de gente que circula por las calles, que llora en los bares, que llena los cines, que ríe con la tele. Creo que esa luz no se encenderá para mí. Pero no me importa, porque creo en otras cosas. Creo que hay tarados por doquier, del alma y de la cabeza. Creo que la gente no entiende porque no quiere entender y no ve porque tiene otras cosas que hacer. Creo que no encuentro un fin, no encuentro un medio; siempre me quedo en el comienzo. Creo que la muerte es helada y un poco húmeda, pero nada del otro mundo. Creo que la vida se llena como uno la llene, como uno la mire, como uno la sienta, como uno cree que no va a ser. Creo que los pianos me atormentan desde siempre. Creo que seguiré soñando con ser bailarina y recorrer aeropuertos. Creo que hay películas que son aportes para no dormir a media tarde. Otras cambian la vida. Creo que la religión es más inútil que los libros de auto-ayuda y más macabra que el terrorismo. Creo que hay personas que se conforman y eso me da náuseas. Otra gente se confirma… y las náuseas siguen y se agrandan. Creo en las fotografías en blanco y negro, con banda sonora incluida. Creo en el orgullo de ser cualquier cosa que se sea. Creo que la patria es la peor metáfora que he escuchado y que mi bandera no es mi mía, sino de todos los otros que no saben nada del suelo que pisan. Creo en Benedetti, tirando piedritas contra mi ventana. Creo en Cortázar bailando borracho por las calles de París. Creo en los círculos que se abren, que se cierran… y se vuelven a abrir y a cerrar, una y otra vez. Creo en las llamadas inesperadas,sólo para decir hola y recordarme así cuánto quiero a Giuseppe. Creo que el metro me tiene preparada una sorpresa en el asiento de enfrente donde un rostro, de repente, claro iluminará el vagón y esos gestos traerán recuerdos de otros paisajes, otros tiempos en que la suerte mejor me conoció. Creo que se hace tarde y que nadie quiere escuchar lo que debo decir, pero tarde o temprano las palabras se escurrirán por mis labios (y no sé si pueda hacerme responsable de ello). Creo que dormir menos de ocho horas diarias es un crimen contra la propia humanidad. Creo que me he visto haciendo esto una y otra vez. Creo que nadie sabe quién soy ni cómo soy. Creo en mi soledad como acto reflejo. Creo que hay personas a quienes es mejor ignorar. Creo que no puedo ni quiero aceptar que la vida sea así de simple o así de compleja. Creo que hay cosas por las que hay que luchar y gritar. Creo en los árboles grandes y gordos de las plazas de barrio. Creo en esas nubes negras que amenazan el cielo con su sol brillante. Creo en los diccionarios y en la homeopatía. Creo que Montevideo, Colonia y Praga me esperan hace rato. Creo que existe una hora de la mañana en la que los pájaros debieran bajar el volumen. Creo que hay personas que deben odiarme. Creo que no me decido a nada. Creo que no me importa estar tan cerca del éxito, como de mis pies. Creo en mi locura, en mi exageración, en mi genio insoportable. Creo en mis sueños y en la vida cotidiana, llena de momentitos que parecen insignificantes, pero que son el mundo más uno. Creo en mi poder de regeneración y en la bondad de mis pecados. Creo en la historia para construir un presente. Creo en la humanidad precisamente por humana, porque la perfección me parece aburrida. Creo en el arte como prueba de la falsa modestia. Creo en mi cabeza, mas no demasiado en mis pies. Creo en la vida después del amor. Creo que las palabras dicen menos que lo que uno espera y más de lo que uno quiere. Creo que hay personas que pasan por nuestras vidas para que estemos concientes de la respiración y otras para quedarse. Creo que el dolor es parte del alma. Creo que la lluvia me quita todo lo malo. Creo que la felicidad es una opción, que hace rato tomé… creo que hay un color que precede a las cosas buenas y trascendentes que suceden en mi vida: el verde. Creo que hay cosas imperdonables, aun cuando hayan pasado treinta o cien años. Creo que la justicia no existe. Creo que hay gente que debiera ser juzgada y castigada por sus actos, que eso de “órdenes de mi superior” no es válido, simplemente patético. No creo en el orgullo patrio, porque no creo que eso exista. Creo en mi suelo y en mi gente, pero no creo en un pedazo de tela tricolor ni en el poder de la empanada. Creo en la gente que me emociona desde su inocencia. Creo que hay personas que marcan la vida, de una u otra forma. Creo que mis sueños son un misterio, incluso para mí. Creo que el arte no es algo que se deba entender, sino tan sólo disfrutar. Creo que siempre me fijo en quien no debiera. Creo que siempre le gusto a quien no me interesa. Creo que las cosas trascendentes suceden cuando uno menos se lo espera. Creo que hay fantasmas que me van a rondar siempre. Creo en mis muertos como compañía. Creo que no hay nadie imprescindible, pero creo que es mi opción que algunos lo sean. Creo que hay conversaciones tan simples que pueden cambiar la vida. Creo que hay gente que debiera preguntar más cosas y dejar de hacerse la tonta o de creerse muy inteligente. Hay otros que, simplemente, debieran cerrar la boca. Creo que hay gente que necesita llamar mucho la atención y eso me pone de mal genio. No creo en la violencia como fin ni como medio, mucho menos como comienzo. Creo y sé que hay personas que no me quieren tanto como yo a ellos, pero no es algo que me quite el sueño. Creo en Jesús, el hombre, no el hijo. A veces creo que me quedaré sola ya a veces no sé si me importa demasiado. Creo que, a pesar de eso, me gustaría formar una familia. Creo que la primavera me pone demasiado sensible. Creo que necesito hacerle saber a mis amigos cuánto los quiero, tal vez porque me arrepiento de no haberlo hecho con gente que ya no está. Creo que hay cosas que uno debe hacer, aunque después se arrepienta. Creo que no puede hacer cosas netamente por dinero. Creo que me gusta saber un poquito de todo y bastante de algo. Creo que soy como soy precisamente por lo que soy…
Leerte es tantas cosas.
| Publicado 1 year, 4 months agoEs estar contigo otra vez, pero al mismo tiempo es estar contigo más que nunca, más que siempre.
Tal vez siempre lo has sabido, tal vez siempre las palabras nos han unido de una manera que quizá nunca entendamos porque no es necesario entender.
Creo en tu credo y creo en ti.
Y en nosotras.
Y en en el esfuerzo de intentar vivir en este mundo como si fuésemos parte de él cuando en realidad no lo somos y nunca lo seremos.