apariciones



Borrones y despedidas

¿Será que a veces conviene hacer un borrón y empezar todo de nuevo? Esa es la sensación más recurrente en este instante. Sobre todo en materias que incluyen al nunca bien ponderado corazón. Sí, he cometido muchos errores, como todos; he pecado de inocente tantas veces, he jugado a la mujer salvaje unas pocas y, todo, ha sido un poco en vano… Todo se ha diluido de alguna u otra forma, aun cuando haya pedazos que rescatar, aunque no sean tantos.

¿Qué importa cuántos han sido trascendentes, cuántos han sido olvidables? ¿Qué importa cuántos han sido? Lo cierto es que cada uno de los hombres que han pasado por mi vida han tenido algún tipo de repercusión en ella, todos me han marcado de alguna forma. No hablo exclusivamente de aquellos con los que mantuve una relación amorosa, sino sobre todo de aquellos con quienes los lazos han sido más bien amistosos. Incluso, aquellos que han sido más bien aventuras locas. Tampoco hablo de repercusiones a nivel trascendental, espiritual total, sino de pequeños aportes, de huellas o herencias ínfimas o no tanto: el gusto por ciertas caricaturas, el aprecio por cierta música, el interés por algún tema antes desconocido, relaciones afectivas con “su” gente, etc.

Si algo tienen en común, más allá de ciertas características especialmente atractivas para mí (ya sean físicas o psicológicas), es su grado de destacar por sobre la masa, en cualquier sentido que haya sido pertinente. Lo que quiero decir es que no suelo fijarme en cualquiera, por muy fugaz que sea el encuentro, por muy pastel que resulte ser al final el personaje. Siempre hay algo especial, en todos, absolutamente todos, sean amigos, novios, amantes, compañeros de trabajo, conocidos, amigos de algún amigo o simples desconocidos… siempre hay algo que queda, siempre hay algo que se extraña, siempre hay algo que se guarda y asume propio al cabo de un tiempo. Y tal vez es ahí donde radica la sabiduría propia: en apropiarse de aquello que el otro nos deja para que así no duela tanto la partida del que se va, del que se fue, del que se está yendo. Al concluir alguna relación, uno siempre termina con una sensación inicial de tristeza, de angustia, de pérdida, pero a medida que avanzan los días esas emociones mutan, evolucionan, se transforman en lo que realmente son sin teñirse del trágico velo de la separación y salen a flote todas esas cosas que apreciamos desde un principio, aunque ahora con un pequeño halo de nostalgia. Pasa la rabia, la tristeza, la desesperanza, la desesperación, la depresión, pasa todo… pero siempre queda algo, siempre me queda algo y, a veces, es ese mismo algo, lo que me provoca guardar bellas imágenes, lindos recuerdos y (la sensación de, en algunos casos) de cariño, de aprecio, de buena onda hacia aquellos que prefirieron seguir su camino… es ese algo lo que me hace pensar que tal vez existe otro, en algún lugar, que tenga varios algos y con quien aún no me he cruzado (o no del todo) y hará que los borrones y las despedidas sean tan sólo palabras de otro vocabulario que ya no querré usar…


Comentarios

  1. macpik nos dice:

    Gracias por tus razonamientos, los comparto plenamente, será que estoy viviendo etapa similar de desencuentro, y tener que dejar irse cosas, gente, sentimientos, que antes han significado todo en tu existencia y te es preciso volver a empezar de cero otra vez, tener que seguir viviendo sin resquemor, sin más dolor y en paz contigo misma.

    Saludos.

    macpik

    http://www.macpik.wordpress.com

    | Responder Publicado 1 year, 4 months ago


Dejar un comentario

(requerido)

(requerido)



Dando formato a tu comentario
Volver al Principio | Área de texto: Más largo | Pequeño